
El día que decidí emprender, tenía más ilusión que un buen plan. Y eso, aunque suene romántico, casi me cuesta caro. Hoy, con el camino recorrido y el respaldo de Coomeva, puedo decir que emprender es posible, pero requiere estrategia, disciplina, amor en lo que haces y una red de apoyo sólida.
Soy Isabel, asociada a Coomeva hace cinco años, y quiero compartirte con honestidad lo que aprendí en el proceso de montar mi propio negocio, porque todo debes hacerlo con pasos pequeños pero seguros.
¿qué problema resuelve tu emprendimiento? No se trata de vender lo que te gusta, sino de ofrecer algo que el mercado necesita y que tú puedas hacer mejor que los demás. Se tiene que hacer una investigación real, habla con posibles clientes, validar tu idea antes de invertir. Segundo, maneja tus finanzas desde el día uno. Uno de los errores más comunes es mezclar las finanzas personales con las del negocio. Yo te aconsejo abrir una cuenta separada, llevar registros de cada movimiento que hagas para tener el control, conocer tus costos reales y fijar precios que te permitan crecer, no solo sobrevivir.
Tercero, construye red de apoyo. El emprendimiento solitario agota y no se disfruta. Rodearte de otras personas que están en el mismo camino te da perspectiva, motivación, hacer cambios en durante el proceso que permitan impulsar tu emprendimiento y oportunidades que de pronto no habías visto. En Coomeva encontré exactamente eso: una comunidad que me impulsó, me apoyo, me guio cuando mis fuerzas flaqueaban.
Y cuarto: la constancia vale más que el talento. Todos los días hay que trabajar en el negocio y en uno mismo. Capacítate, lee, pregunta, equivócate y aprende rápido. El emprendimiento es una maratón que día a día te lleva a ser mejor, a dar de ti todo, a sentir de corazón que lo que estás haciendo te impulsa a sacarlo adelante.
