En un mundo que avanza a mil por hora, saturado de pantallas, agendas llenas y exigencias constantes, el bienestar personal ya no es un lujo: es una necesidad urgente. Como ingeniero civil, conozco de primera mano lo fácil que resulta dejarse absorber por la rutina y las responsabilidades, olvidando el equilibrio emocional, físico y mental que necesitamos para vivir de manera plena y sostenible.
Durante años, prioricé mis deberes laborales por encima de mi salud emocional. Pensaba que rendir más era sinónimo de trabajar más. Sin embargo, tras enfrentar episodios de ansiedad y fatiga, comprendí una verdad fundamental: el bienestar no compite con la productividad, la potencia. Cuidarse no es frenar, es tomar impulso con conciencia. Invertir en uno mismo es una estrategia inteligente que mejora el rendimiento, la creatividad y, sobre todo, la calidad de vida.

Hoy, mi rutina incluye pausas conscientes, ejercicio regular, momentos de silencio y espacios de conexión emocional. Cuidar de mí mismo ha transformado mi forma de trabajar, mis relaciones personales y mi manera de disfrutar la vida. Por eso, te invito a escucharte más, a regalarte momentos de desconexión digital y reconexión interior. El bienestar empieza por pequeñas decisiones diarias que, con el tiempo, se convierten en hábitos poderosos.
Si no sabes por dónde empezar, te comparto dos metodologías simples pero muy efectivas:
La regla del 20-20-20: A lo largo del día, dedica 20 minutos a moverte (caminar, estirarte, hacer ejercicio), 20 minutos a aprender algo nuevo (leer, escuchar un podcast, estudiar), y 20 minutos a la introspección (reflexionar, meditar o simplemente respirar profundo). Este equilibrio diario puede tener un impacto sorprendente en tu bienestar general.
La metodología del pequeño hábito: Consiste en adoptar una acción mínima que puedas repetir todos los días sin esfuerzo. Por ejemplo, beber un vaso de agua al despertar, hacer dos respiraciones profundas antes de revisar el celular o estirarte antes de sentarte a trabajar. La clave no está en la intensidad, sino en la constancia. Estos gestos simples, sumados en el tiempo, generan transformaciones reales.
Además de mejorar la salud física y mental, reconectarse con uno mismo fortalece la resiliencia, incrementa la capacidad de disfrutar el presente y favorece relaciones más auténticas. Cuando cultivamos el autocuidado, también inspiramos a quienes nos rodean a hacer lo mismo, generando un círculo virtuoso de bienestar colectivo.
En este proceso, Coomeva ofrece aliados valiosos. A través de Recreación Coomeva y Coomeva Medicina Prepagada, tienes acceso a servicios que promueven el equilibrio cuerpo–mente. Desde actividades familiares y deportivas hasta atención médica integral, sus programas están diseñados para ayudarte a reconectar contigo mismo y con lo que realmente importa.
La invitación es clara: cuida de ti. Porque cuando tú estás bien, todo en tu vida empieza a funcionar mejor. Reconectarte contigo mismo no es egoísmo, es el punto de partida para una vida plena y significativa.