Cooperativas: solidaridad y resiliencia ante las crisis en Colombia

Publicado el 21 de agosto del 2026 | Por: PABLO ANDRES MIRANDA MACHADO
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Las cooperativas en Colombia han demostrado ser actores fundamentales en momentos de crisis. 

El terremoto del 10 de agosto de 2026, con epicentro en Chocó y graves afectaciones en Valle del Cauca, Risaralda y Quindío, evidenció nuevamente cómo estas organizaciones, basadas en la solidaridad y la cooperación, pueden movilizar recursos y garantizar la continuidad de servicios esenciales. Tras el sismo, varias cooperativas activaron redes de apoyo junto a gremios y sindicatos, distribuyendo alimentos, kits de higiene y asistencia logística. También ofrecieron créditos solidarios y reestructuración de obligaciones financieras para familias y pequeños negocios afectados, asegurando que la recuperación económica comenzara de inmediato. 

El papel de las cooperativas en desastres naturales no es nuevo. En el terremoto de Armenia de 1999, Coomeva perdió su recién inaugurada oficina en Pereira, pero logró reconstruirla en menos de un año gracias al esfuerzo conjunto de asociados y colaboradores. Además, participó en campañas de apoyo comunitario, facilitando créditos y programas de ahorro para la recuperación de las familias del Eje Cafetero. Este antecedente muestra cómo la resiliencia institucional puede convertirse en motor de reconstrucción social y económica

Durante la ola invernal del 2010–2011, las cooperativas de ahorro y crédito ofrecieron alivios financieros y reestructuración de deudas a los damnificados, mientras que las cajas de compensación y programas estatales canalizaron subsidios de vivienda. En este caso, el aporte cooperativo se centró en mitigar el impacto económico de las inundaciones y facilitar la recuperación de las familias afectadas. 

En la pandemia de COVID-19, Coomeva y otras cooperativas implementaron planes de alivio financiero, como periodos de gracia en créditos y reducción de intereses, además de promover atención virtual para sus asociados y campañas de prevención. También se organizaron entregas de mercados a familias vulnerables, mostrando la capacidad de adaptación del sector solidario en una crisis sanitaria global.

La evidencia disponible confirma que el aporte de las cooperativas se ha concentrado en tres frentes: 

campañas comunitarias de ayuda humanitaria, apoyo económico solidario y continuidad de servicios financieros. El rol solidario, organizativo y financiero ha sido decisivo para sostener la resiliencia comunitaria. 

En conclusión, la experiencia de las cooperativas en Armenia 1999, la ola invernal de 2011, la pandemia de COVID-19 y el terremoto de 2026 confirma que la solidaridad organizada es esencial para enfrentar y superar las crisis. Estas organizaciones no solo atienden necesidades inmediatas, sino que también impulsan la reconstrucción económica y social, consolidándose como pilares de resiliencia en Colombia.

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