
Hay cosas de nosotros mismos que a veces cuesta explicar.
Una alarma interna que se activa muy rápido ante cualquier señal de peligro, una desconfianza que parece no tener un origen claro, una forma de vivir el estrés que se siente más antigua que las propias experiencias vividas. Durante mucho tiempo, esto se explicaba solo por la crianza o por la personalidad de cada uno. Ahora la ciencia está mostrando que también puede tener una explicación biológica.
- El hallazgo más conocido en este tema viene de un estudio con hijos de sobrevivientes del Holocausto. Los científicos observaron un gen llamado FKBP5, que participa directamente en cómo el cuerpo responde al estrés. Encontraron que ese gen funcionaba de forma distinta en los hijos de quienes vivieron el trauma, comparado con familias sin esa historia. En otras palabras, el trauma vivido por una generación dejó una huella medible en la siguiente, sin que el ADN cambiara ni una sola letra.
Aquí es donde entra la epigenética, la ciencia que explica todo esto.
No cambia el ADN en sí, cambia cómo se usa esa información: activa o apaga ciertos genes, casi como decidir qué páginas de un libro se leen y cuáles no.
Por eso no se hereda el trauma como una experiencia completa, se hereda algo más específico: un sistema de respuesta al estrés más sensible de lo normal. Y los propios científicos piden cautela con esto: lo que más se ha comprobado en humanos ocurre entre padres e hijos que vivieron cerca del hecho traumático, no una herencia que siga pasando automáticamente por generaciones sin ningún contacto con el evento original.
- Aquí está la parte que casi nunca se cuenta junto con el hallazgo inicial: a diferencia de una mutación genética, las marcas epigenéticas son potencialmente reversibles. No son un sello permanente grabado para siempre, responden también a cambios ambientales, terapéuticos y de estilo de vida en el presente. Dicho de otra forma, entender de dónde viene un patrón de reactividad al estrés no es una condena, es información útil para empezar a intervenir sobre él con más precisión.
Vale la pena tomarse en serio esa reactividad al estrés, no como un defecto de carácter sino como algo con una base biológica real que puede trabajarse con acompañamiento adecuado y trabajarlo no tiene que sentirse como cargar solo con algo que ni siquiera empezó en uno mismo.
Con Coomeva, ese acompañamiento ya existe dentro de Medicina Prepagada, en forma de consulta psicológica, un espacio pensado justamente para eso, para trabajar de raíz aquello que muchas veces se arrastra sin nombre desde hace generaciones.
