Fragmento de un cuento: El gorrión y la mirla

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A continuación, te presentamos un fragmento de un cuento tituladoEl gorrión y la mirla, donde podrás sumergirte en un mundo de fantasía y naturaleza. Comencemos...

Un gorrión y una mirla se encontraron una tarde de lluvia en la rama de un frondoso árbol que daba sombrío con su follaje al hermoso jardín de un colegio. Este colegio pertenecía al Reino de Zaraúz.

El gorrión le comentó a la mirla:

-      No conozco otro jardín más plácido y sonriente…Los pájaros viejos entre las enramadas, dejan oír sus cantos de tiempos que ya pasaron, como si quisieran recordar su niñez y juventud. 

El gorrion

La mirla, que se encontraba extasiada mirando la fuente que corre por el centro del jardín, le dijo:

-      Mira los peces. Saltan y dan vueltas al son del ruido de la lluvia, como si quisieran acompañar a los niños que han salido al recreo.

El gorrión le respondió:

-      Sí, tienes razón. Por eso te afirmo que no hay otro jardín más hermoso.

De pronto, el gorrión percibió el sonido de las notas del piano desde el castillo principal del colegio. Entonces, el ave fue y se posó en una de las ventanas que daban a la sala del castillo.

-      ¡La familia real se ha reunido!-, exclamó el ave al ver al Príncipe Diego tocar el piano.

El Príncipe, había llegado junto con su madre, la Infanta Angelita, para celebrar un acontecimiento especial.

-      ¡Es el cumpleaños de la Reina Susana!-, exclamó el pavo real del reino que merodeaba por los alrededores del castillo.

Reina

Minutos más tarde, el Conde Jorge Alejandro llegó con su familia a celebrar el cumpleaños de su madre. Cosmos, el perrito del castillo, los recibió en medio de saltos y ladridos, expresando su alegría. Ante este alboroto, la Reina Susana salió al encuentro de su hijo y de sus nietos. Uno de ellos, el Príncipe Antonio, le dijo a la reina:

-      Oh, abuela querida, hoy quiero tocar tu hermoso piano para alegrar tu día.

La reina le dio un abrazo en señal de aprobación, y luego el Príncipe se sentó ante el piano. Apenas los sonidos del instrumento empezaron a escucharse por los alrededores del castillo, los patos del reino salieron del lago en dirección al castillo para escuchar tan hermosos sonidos. Se ubicaron alrededor de la vivienda real, para así graznar en acompañamiento de tan melodiosas notas musicales.

-      ¡Vamos rápido, ya todos están llegando!-, exclamó la Emperatriz Silvia, la hija de la mientras salía con su familia hacia el castillo de la reina. 

 -      ¡Sí, vamos!-, exclamó Nutela, la perrita de la Emperatriz-, ¡yo me encargaré de avisarle a los otros animales del reino para que se reúnan en torno al castillo!

Nutela se dirigió a la entrada del Reino de Zaraúz para avisarles a los animales de corral lo que estaba ocurriendo. En estas, llegó el Rey Carlos Eduardo con toda su comitiva.

-      Majestad-, le dijo el gallo del corral-, nosotros también queremos celebrar el cumpleaños de vuestra madre, la Reina Susana. 

 -      Está bien-, dijo el rey-. Subid conmigo para que nos acompañéis dese el pequeño jardín de nuestro castillo.

Ante la aceptación, todos los animales del corral subieron hasta el castillo. El guardia del reino, entonces, llamó a Nubia, la empleada de la Reina Susana:

-      Avísale a la reina que el Rey Carlos Eduardo está subiendo en compañía de los animales del corral. 

-      ¡Ya le aviso, gracias!-, replicó Nubia, quien a su vez le avisó a la Reina Susana.

Susana se puso en pie para salir a recibir a su hijo. Justo cuando la reina cruzó el umbral de la puerta, los otros animales que se encontraban alrededor del castillo se organizaron para hacer una calle de honor.

-      ¡Inclinaos ante la Reina Susana y el Rey Carlos!-, exclamaron el gorrión y la mirla, quienes estaban observando todo lo que ocurría desde la rama del árbol.

Los animales obedecieron, inclinándose ante las realezas. Pero a su vez, cada uno mostró su habilidad natural. El pavo extendió su cola en forma de abanico, el gallo emitió su canto inconfundible, los patos alzaron sus alas y graznaron, y los conejos (escondidos en los jardines del reino), llegaron con sus zanahorias para alzarlas en señal de saludo.

Toda la familia real estaba encantada de ver el comportamiento de sus animales, pues mostraban su cariño hacia la monarquía de Zaraúz.

¡Pero aquí no terminó todo! La Reina Susana, quien también tocaba piano, tocó para su familia una composición esplendorosa. 

-      ¡Es la Marcha No. 1 de Pampa y Circunstancia de Edward Elgar!-, exclamó el Príncipe Diego.

Los alumnos del colegio, al escuchar tal melodía, se reunieron en torno al castillo, y aplaudieron a la reina. Muchos alumnos dejaron con Nubia presentes para la monarca, y se fueron felices a sus casas.

Luego de estos conciertos, la familia real se dirigió al comedor para probar los grandes manjares para tal celebración. Nubia alimentó a los animales con pequeños trozos de aquellos manjares.

Cada animal regresó al lugar donde la reina les había asignado para que desempeñaran su misión en el Reino de Zaraúz.

La mirla miró al horizonte y dijo: 

 -      Ya es hora de irme. Se acerca la tarde. Cazaremos unos insectos antes de irnos al descanso. 

 -      Yo haré lo mismo-, dijo el gorrión-. Tengo que alimentar a mis polluelos.

Tanto animales como humanos se fueron a sus casas, felices de haber tenido un día inolvidable en torno a la Reina Susana.

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