"Ya estoy muy viejo para eso" He escuchado esta frase a muchísimas personas, en distintos momentos y por distintas razones.
Aplica para aprender un idioma, para volver a estudiar, para cambiar de carrera después de los cuarenta. Casi siempre se dice como si fuera una verdad que no necesita explicación, algo tan obvio que ni se cuestiona. Resulta que, biológicamente, esa frase tiene menos sustento del que parece.
Durante décadas la ciencia sostuvo algo que hoy empieza a cuestionarse con fuerza: que el cerebro deja de producir neuronas nuevas después de cierta edad, y que a partir de ahí solo queda administrar lo que ya se tiene. Esa idea fue durante mucho tiempo casi un dogma en neurociencia. El problema es que, al observar de cerca a personas con accidentes cerebrovasculares y también a personas sanas, los investigadores han encontrado evidencia que contradice esa versión.
Los estudios más recientes ubican esas nuevas células neuronales en el giro dentado, una zona específica del hipocampo, justamente la parte del cerebro encargada de formar memorias nuevas y de aprender. Dicho de otra forma, la misma región que necesitas para aprender algo nuevo parece seguir generando material fresco mucho más allá de la juventud, algo que hace apenas unos años se daba casi por descartado.
Los estudios más recientes ubican esas nuevas células neuronales en el giro dentado, una zona específica del hipocampo, justamente la parte del cerebro encargada de formar memorias nuevas y de aprender. Dicho de otra forma, la misma región que necesitas para aprender algo nuevo parece seguir generando material fresco mucho más allá de la juventud, algo que hace apenas unos años se daba casi por descartado.
Los estudios más recientes ubican esas nuevas células neuronales en el giro dentado, una zona específica del hipocampo, justamente la parte del cerebro encargada de formar memorias nuevas y de aprender. Dicho de otra forma, la misma región que necesitas para aprender algo nuevo parece seguir generando material fresco mucho más allá de la juventud, algo que hace apenas unos años se daba casi por descartado.
- Esto cambia la conversación de fondo. No se trata de que "cueste más" aprender con la edad, como si fuera una batalla perdida de antemano, se trata de que la capacidad biológica sigue ahí, activa, esperando estímulo. Es una diferencia sutil pero importante: una cosa es aceptar que el proceso puede ser distinto al de los veinte años, y otra muy distinta es asumir que la puerta ya está cerrada. La evidencia sugiere que no lo está, al menos no por razones biológicas.
Y si esto es cierto a nivel biológico, la pregunta que queda es qué hacer con esa capacidad que sigue intacta. Ahí está, creo, la importancia de este hallazgo: la barrera para aprender algo nuevo en la adultez rara vez es el cerebro, casi siempre es la decisión de no intentarlo, apoyada en un mito que la ciencia ya no respalda con la misma firmeza de antes. Ahí vale la pena mirar lo que ya se tiene a la mano.
Fundación Coomeva cuenta con convenios educativos y créditos educativos con condiciones especiales, pensados justamente para quienes deciden retomar o empezar algo nuevo sin que la edad sea la excusa que los detenga. A fin de cuentas, si el cerebro todavía está dispuesto a construir algo nuevo, la pregunta que queda es si uno también lo está.

