La economía de la rosquilla es una propuesta económica que establece un marco para la medición del progreso más allá de lo relativo al crecimiento económico.

Esta economía parte de la idea que las actividades humanas deben garantizar el acceso a recursos básicos como agua, energía, alimentación, salud, educación, entre otros, sin superar el límite que el planeta pueda soportar. En esta economía propuesta por Kate Raworth de nacionalidad británica, se plantea un diseño con forma de rosquilla en el cual se identifican dos fronteras, una de ellas ambiental y la otra social.
La frontera social define el umbral mínimo para el cubrimiento de las diferentes necesidades consideradas fundamentales.
La frontera ambiental define el límite ambiental que no puede sobrepasarse para evitar cualquier daño irreversible en el planeta como:
cambio climático, pérdida de biodiversidad, acidificación de océanos, agotamiento de la capa de ozono, entre otros. El área intermedia entre estas dos fronteras, es lo considerado como espacio seguro y justo para satisfacer las necesidades básicas humanas sin comprometer la capacidad del planeta para el sostenimiento de la vida.
Se requiere un modelo económico no regido por el PIB (producto interno Bruto) como indicador del progreso, puesto que éste ha superado los límites de la frontera social y ambiental, perpetuando la desigualdad en la población, ya que muchos sectores siguen sin acceso a servicios básicos, así mismo se ha presionado excesivamente a los ecosistemas con fenómenos como aumento de gases de efecto invernadero y deforestación masiva, entre otros.
La economía de la rosquilla está basada en los principios de:
- Regeneración: La actividad económica debe restaurar y recuperar todo ecosistema que haya degradado, por lo que se debe fomentar la economía circular de recuperación de materiales;
- Redistribución: se debe revisar estructuras fiscales, salarios y acceso a servicios a la población más vulnerable;
- Medición más allá del PIB: Seguimiento de indicadores sociales y ambientales, para lograr una visión del bienestar, descentralizado de la producción de bienes y servicios;
- Adaptación al contexto local: cada ciudad, localidad país, tiene su propia capacidad ecológica y necesidades sociales;
La economía de la rosquilla:
constituye un enfoque de tipo práctico para el avance hacia un sistema en el cual el progreso sea sinónimo de mejoramiento de la calidad de vida sin sacrificio de la salud del planeta. Por supuesto su aplicación implica el rediseño de políticas públicas, la transformación de cadenas de valor y la adopción de nuevas formas de medición de lo realmente importante para el bienestar humano.
En Coomcientizate, espacio de reflexión y acción, de Campus Virtual de Coomeva, podrás capacitarte y aprender sobre otras prácticas sostenibles.
