La conversación sobre equidad de género en Colombia no solo habla de igualdad de oportunidades; también habla de reconocer las luchas silenciosas que muchas mujeres enfrentan cada día. En mi caso, vivo con lupus, una condición autoinmune que exige disciplina, fortaleza emocional y una resiliencia que pocas veces se ve desde afuera. Aun así, soy una joven con más ambición que nunca, que trabaja con amor y entrega a pesar de los retos físicos y emocionales que esta condición impone.
Y como yo, muchas mujeres colombianas viven realidades similares: enfermedades crónicas, cargas familiares, brechas laborales y estereotipos culturales.
Aun así, seguimos construyendo país.

El lupus es una enfermedad impredecible. Un día el cuerpo responde con energía y al siguiente una inflamación o un brote puede cambiarlo todo. Sin embargo, esta misma condición me ha enseñado a trabajar con más amor, más disciplina y más claridad. El reto no es únicamente laboral; es personal: demostrarme que puedo.
Pero también, demostrarle a la sociedad que las mujeres con condiciones crónicas no somos menos capaces, ni menos eficientes, ni menos profesionales. Somos, en muchos casos, más fuertes que quienes nunca han tenido que librar una batalla diaria con su propio sistema inmunológico.
En Colombia, el camino hacia la equidad de género avanza, pero falta mucho. La igualdad no solo significa recibir el mismo salario o acceder a las mismas oportunidades. Significa que las empresas y las instituciones comprendan que las mujeres no somos un grupo homogéneo: muchas llevamos cargas adicionales, ya sean físicas, emocionales o sociales.
La equidad también implica adaptar entornos laborales, flexibilizar horarios cuando la salud lo exige, permitir el trabajo remoto cuando es necesario y reconocer que productividad no siempre es sinónimo de presencia física, sino de compromiso y resultados.
En mi caso, trabajar con amor es más que una frase bonita: es un acto de resistencia. Es demostrar que, con los apoyos correctos, puedo aportar al mismo nivel —o incluso más— que cualquier persona sin limitaciones de salud.
Las mujeres con enfermedades crónicas somos prueba viviente de que la equidad es un camino que beneficia a todos. Empresas más humanas crean equipos más comprometidos. Políticas más flexibles generan talento más estable. Y una sociedad que valora la diversidad se convierte en una sociedad más fuerte. Si estás atravesando momentos complejos y percibes situaciones de inequidad de género que están impactando tu bienestar, buscar apoyo psicológico es fundamental. En mi experiencia, los profesionales de psicología de Coomeva Medicina Prepagada han sido excepcionales, y además cuentan con presencia en todo el país. Te invito a conocer más aquí.