Cuando éramos niños, las ideas fluían sin filtros. Una caja podía ser un castillo, una tienda o una nave espacial. No había miedo al error, solo curiosidad. Con el tiempo, esa capacidad se reemplaza por análisis excesivo, dudas y necesidad de validación.

El emprendimiento moderno está redescubriendo algo esencial:
la creatividad no es un talento exclusivo, es una habilidad que se entrena. Y, curiosamente, los niños ya la dominan.
Según el Foro Económico Mundial, la creatividad es una de las habilidades más demandadas en el entorno laboral actual, precisamente porque permite resolver problemas de manera innovadora en contextos cambiantes.
Pensar como niño no significa improvisar sin rumbo, sino recuperar la capacidad de explorar sin miedo. Es ver oportunidades donde otros ven obstáculos. Como un juego de construcción, emprender implica probar, ajustar y volver a intentar. Cada error no es un fracaso, es una pieza más en el diseño final del negocio.
Uno de los mayores bloqueos al emprender es la búsqueda de perfección.
Muchos proyectos no avanzan porque esperan el momento ideal o la idea perfecta. Sin embargo, los niños no esperan condiciones ideales para jugar; crean sus propias reglas con lo que tienen. Esa mentalidad aplicada al emprendimiento permite validar ideas rápidamente, aprender del mercado y evolucionar con mayor agilidad.
Además, la curiosidad infantil impulsa la innovación. Preguntar “¿por qué?” o “¿qué pasaría si?” abre caminos que el pensamiento rígido suele cerrar. Empresas exitosas han surgido de cuestionar lo establecido y proponer soluciones distintas. Aquí se evidencia otra antítesis poderosa: seguir el camino tradicional frente a crear uno nuevo.
Emprender también requiere resiliencia.
Así como un niño insiste hasta lograr armar un rompecabezas, el emprendedor debe sostener su proceso incluso cuando los resultados no son inmediatos. La diferencia está en la perspectiva: mientras el adulto interpreta el error como un límite, el niño lo ve como parte del juego.
Sin embargo, la creatividad por sí sola no es suficiente. Para que una idea se convierta en un negocio sostenible, necesita estructura, estrategia y acompañamiento. Es aquí donde el juego se convierte en proyecto. Tener claridad en el modelo de negocio, entender el mercado y organizar las finanzas permite que la creatividad se traduzca en resultados reales. En este camino, Fundación Coomeva se convierte en un aliado clave para quienes desean emprender con propósito. A través de formación, asesoría y acompañamiento, ofrece las herramientas necesarias para transformar ideas en iniciativas sostenibles, combinando creatividad con estructura.
Abril, mes de la niñez, es una oportunidad para recordar que la imaginación no desaparece, solo se adormece. Recuperarla no es retroceder, es avanzar con una ventaja. Emprender no es dejar de ser adulto, es integrar lo mejor de ambas etapas: la curiosidad de un niño y la visión de un emprendedor.
