Le había prometido que íbamos al cine cuando se portara bien una semana entera.
La semana entera duró exactamente tres días. Pero la llevé igual, porque hay promesas que uno hace con el corazón y no con el calendario.
Soy Isabel Libreros, y el día que mi hija entró por primera vez a una sala de cine fue uno de esos momentos que uno guarda en un cajoncito especial del alma. Tenía cuatro años, una caja de palomitas que le llegaba al pecho y los ojos más abiertos que jamás le había visto.
Cuando se apagaron las luces, me apretó la mano; fuerte, muy fuerte... Ese apretoncito lo vale todo. Lo que viví ese día me reafirmó algo que como mamá a veces olvidamos en el día a día: el bienestar no está solo en los médicos, las vitaminas o la rutina de sueño. Está también en las experiencias que les regalamos a nuestros hijos. Los momentos nuevos, los que les generan asombro, los que les ensanchan el mundo.
Según la psicología positiva, las experiencias compartidas entre padres e hijos fortalecen el vínculo afectivo y contribuyen al desarrollo emocional y social de los niños.
Durante toda la película me fue narrando lo que estaba pasando en pantalla en voz alta, como si yo no pudiera verla. El señor de atrás suspiró dos veces. Yo me morí de la risa por dentro y le seguí la corriente, porque ese era su momento y no había guion que lo mejorara.
Al salir me preguntó: “Mami, ¿Cuántos días faltan para volver?”. Llevábamos cuatro minutos en el parqueadero; ya estaba planeando el regreso. Y yo, honestamente, también.
Como asociada de Coomeva he aprendido que el bienestar familiar se construye también con estos momentos:
los que parecen pequeños y resultan ser enormes, los que no cuestan millones, pero valen toda la infancia. En Coomeva encontrarás beneficios en recreación, cultura y bienestar para que tu familia viva más momentos como este; porque el mejor plan de bienestar incluye también alegría. ¡Descubre todo lo que tenemos para ti!

