
Durante años viví en la casa de mis padres y siempre estuve pensado en tener mi propio espacio, porque quería crecer e independizarme, pero la idea de comprar vivienda propia me generaba una mezcla de emoción y terror que me costaba trabajo describir, porque me hacía muchas preguntas, ¿Y si no puedo pagar? ¿Y si me endeudo más de lo que debo? ¿Y si el negocio sale mal? ¿Y si no puedo con todo?
Soy Isabel, asociada a Coomeva hace 5 años, y hoy escribo esto desde el apartamento que compré hace 3 años y que disfruto con los míos. Lo que antes era miedo, hoy es orgullo y tranquilidad.
Creía que para comprar vivienda necesitaba tener todo el dinero ahorrado. Pero aprendí que lo que realmente necesitas es planificación: conocer tu capacidad de endeudamiento, ahorrar para la cuota inicial y entender las diferentes líneas de crédito disponibles. Hablar con un asesor financiero fue el primer paso que cambió mi perspectiva.
¿El barrio correcto? ¿El tamaño adecuado? ¿Usada o nueva? La clave fue hacer una lista de prioridades reales, que yo pudiera tener y no de sueños. Lo que necesito hoy y lo que podré sostener mañana, porque de eso se trataba.

Hoy duermo en un espacio que es mío, un espacio que dejo de ser un sueño para convertirse en una realidad, un espacio que decoro como quiero, en el que tengo los menores momentos y que lleno de recuerdos, que algún día le dejaré a mi hija. Ese miedo valió la pena enfrentarlo.