Del exceso al equilibrio: aprender a escuchar el cuerpo


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Pasó una de las mejores temporadas del año. Diciembre llegó cargado de reuniones, fiestas, brindis y esos excesos que dejamos pasar porque estamos felices, disfrutando y celebrando. Nadie piensa en que comerse diez buñuelos con arequipe en una sola novena va a pasar factura después, ni en que esas copitas de más el 24 no se sienten hasta que despiertas al otro día.


A mí me pasó, entre natilla, cenas, postres y celebraciones interminables, fui ignorando las señales de mi cuerpo, el estómago pesado, el sueño interrumpido, la digestión lenta, el cansancio inexplicable. Me repetía una y otra vez “tranquila, ya después retomo la rutina”.

Al iniciar enero, como muchos, escribí mis propósitos llena de ilusión. Me propuse cosas como comer mejor, volver al ejercicio, dormir más, organizar mi vida “fit”. Pero los primeros intentos fracasaron. Me exigí demasiado, quise cambiar todo de golpe y volví a caer en lo mismo. La frustración apareció rápido y, con ella, la sensación de estar fallándome otra vez.

Del exceso al equilibrio: cómo volví a escuchar mi cuerpo


Hasta que entendí algo simple, pero poderoso,  mi cuerpo llevaba semanas pidiéndome pausa, equilibrio y atención. No era cuestión de compensar excesos con restricciones, sino de volver a escucharlo de verdad.

Lo que aprendí de todo esto fue que el malestar después de diciembre no es casualidad. La inflamación, el cansancio mental y físico, la pesadez digestiva son señales claras de que algo necesita ajuste.

No basta con tomar “una agüita de limón”. Los excesos pueden tener consecuencias reales en la salud y también ponernos en riesgo si conducimos o realizamos actividades que requieren atención.

Los propósitos no fracasan por falta de disciplina, sino por falta de un plan realista, consciente y alineado con lo que el cuerpo necesita.

¿Cómo retomé el camino?

Empecé por algo pequeño: observar cómo se sentía mi cuerpo después de cada comida, cada trasnocho y cada decisión. Ajusté sin culpas. Replanteé mis metas, dejé de lado la presión de cambiarlo todo en enero y comencé por recuperar mis hábitos de nutrición y autocuidado paso a paso.

En ese proceso, contar con acompañamiento fue clave. Con BienEstás 360 entendí que el bienestar no se trata de hacerlo todo perfecto, sino de tener orientación, seguimiento y herramientas que te ayuden a avanzar a tu ritmo. Desde apoyo en temas de nutrición y autocuidado, hasta recursos que promueven el equilibrio físico y mental, BienEstás 360 se convirtió en un aliado para transformar mis propósitos en hábitos sostenibles.

Escuchar mi cuerpo se convirtió en el punto de partida, no en la meta final.

Hoy, después de los excesos decembrinos, entendí que cuidarme no significa privarme, sino reconocer mis límites, equilibrar y elegir lo que realmente me hace sentir bien.

Porque escuchar el cuerpo, cuidarlo y buscar apoyo cuando lo necesitamos también es una forma de bienestar.

Fuente 

BienEstás 360

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