¿Ahorrar desde la juventud? Te enseñamos a construir un esquema sostenible de gastos

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¿Ahorrar desde la juventud?

Te enseñamos a construir un esquema
sostenible de gastos

En el exigente panorama que deja la pandemia, no queda duda que la capacidad de ahorro es uno de los hábitos más importantes a la hora de adaptar nuestro proyecto de vida a situaciones imprevistas. Desde el entorno familiar es posible instruir a los jóvenes sobre nociones básicas de educación financiera, en especial aquellas relacionadas con el uso responsable del dinero. La idea, en este sentido, es ayudarlos a que asocien sus metas más próximas (como puede ser un viaje, tener un videojuego o un celular) con el trabajo que cuesta alcanzarlas, ya que uno de los choques más comunes en el paso de la adolescencia a la edad adulta es, precisamente, comprender del todo el valor de cada cosa. 

Como sabemos, durante la etapa escolar el joven recibe todo lo que necesita de sus padres y es muy probable que no se pregunte por es el esfuerzo que está detrás de esas comodidades. A menudo, la primera relación que establece con el dinero consiste en su mesada o en algún billete suelto que recibe de otros familiares en fechas especiales. Estas interacciones económicas a temprana edad se distinguen porque son absolutamente contrarias a la lógica real con la que opera el dinero. Teniendo en cuenta lo anterior, no es arriesgado decir que si un adolescente aprende durante el colegio buenas prácticas de ahorro, después le será mucho más fácil tener un control adecuado de sus finanzas en otros momentos y espacios esenciales de su vida, como la universidad o su primer empleo, por ejemplo.  He aquí algunos pasos prácticos para que los jóvenes diseñen su propio esquema sostenible de gastos.  

1. Identificar a cuánto ascienden sus ingresos
y comparar ese valor con el de sus gastos aproximados:

Para dejar más clara la cuestión del intercambio básico entre trabajo y dinero, es buena idea asignar algunas tareas domésticas al joven por un pago simbólico, que ojalá se acerque al 10% de su mesada. De esta manera, será más fácil señalarle que esa recompensa tiene un valor distinto, en tanto él o ella se la han ganado por sus propios medios.   

2. Establecer una meta de ahorro a corto, mediano y largo plazo: 

Aquí vale la pena recordar que dicho ahorro, si se hace con seriedad y esfuerzo, tiene también como objetivo disuadir al joven de hacer gastos innecesarios.

3. Explorar a fondo las posibles inversiones que pueden hacerse: 

Desde bienes intangibles, entre los que destaca una educación de calidad, hasta bienes de uso diario como un vehículo o un nuevo portátil, se trata de insistir en que el ahorro está destinado a resolver de manera práctica diferentes situaciones a fin de mejorar la calidad de vida del joven.

4. Insistir en el carácter cíclico del ahorro
y en las decisiones que lo perjudican: 

Luego de dicha inversión o gasto útil, se reanuda el ahorro. Los “gastos hormiga” son un asunto a evitar, puesto que ese pequeño consumo diario afecta la progresión de las metas trazadas.

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