
Aprender matemáticas, historia o ciencias es parte fundamental de la formación académica. Sin embargo, muchas personas terminan sus estudios sin haber recibido herramientas prácticas para manejar su dinero en la vida cotidiana. Conceptos básicos como presupuestar, ahorrar con intención o entender un contrato financiero suelen aprenderse demasiado tarde, cuando ya existen consecuencias reales. La educación financiera suele quedar fuera del aula, a pesar de su impacto directo en la calidad de vida y en la toma de decisiones cotidianas.
En la práctica, las decisiones financieras comienzan mucho antes de lo que se cree. Administrar ingresos, pagar servicios, asumir compromisos mensuales o enfrentar imprevistos forma parte de la vida adulta, pero pocas veces se enseña cómo hacerlo de manera ordenada.
Sin una base clara, estas decisiones se toman por ensayo y error, lo que puede generar
estrés, endeudamiento innecesario y dificultad para cumplir metas. Comprender cómo
funciona el dinero en la vida diaria permite anticiparse a problemas y construir mayor
estabilidad desde etapas tempranas.
Uno de los aprendizajes ausentes en la educación formal es el manejo del crédito. No se trata solo de saber cuánto se puede gastar, sino de comprender intereses, plazos y consecuencias.
Usar el crédito sin planificación puede convertirse en una carga. En cambio, cuando se
utiliza de forma estratégica, puede ser una herramienta para alcanzar metas sin
comprometer el equilibrio financiero.
Planificar va más allá de ahorrar lo que sobra. Implica definir objetivos, priorizar gastos y revisar periódicamente las finanzas personales.
Este hábito permite tomar decisiones más conscientes y evitar que el dinero se convierta en
una fuente constante de preocupación.
La educación financiera también aborda la relación emocional con el dinero. Identificar hábitos de consumo, reconocer gastos innecesarios y ajustar comportamientos es clave para mejorar la salud financiera.
Pequeños cambios sostenidos en el tiempo generan resultados significativos, incluso sin
grandes ingresos.

La educación financiera no es un conocimiento que se adquiere una sola vez, sino una habilidad que se construye y se ajusta a lo largo de la vida. Cambian los ingresos, las responsabilidades y las metas, y con ello también deben cambiar las decisiones financieras.
Acceder a información clara, espacios de aprendizaje y orientación confiable facilita tomar
decisiones más seguras y responsables. A través de programas de formación,
acompañamiento y herramientas prácticas, Coomeva impulsa el desarrollo de habilidades financieras que fortalecen la autonomía, reducen la incertidumbre y contribuyen a una
mejor calidad de vida, tanto en el presente como en el futuro.
Referencias
1. Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos. (2021). Financial education.
2. Banco Mundial. (2022). Financial capability and well-being.