Ubicada en Estambul denominada así tras la conquista otomana en 1453, popularizada del griego "a la ciudad" , (anteriormente llamada Bizancio (660 a.C., luego Constantinopla (324 d.C)), en el barrio de Edirnekapı, lejos del bullicio de Sultanahmet, la Iglesia de Chora debe su nombre a su ubicación original: "Chora" significa "en el campo" , ya que se encontraba fuera de las murallas de Constantino, quien inició las murallas alrededor del año 324 d.C. pero fueron sus sucesores, especialmente Teodosio II en el siglo V (c. 413-414 d.C.), quienes construyeron las formidables Murallas Teodosianas de doble línea, que se convirtieron en el principal sistema defensivo de la ciudad durante siglos y fueron fundamentales para su protección hasta la caída de Constantinopla.
Aunque el edificio actual data principalmente del siglo XI, su verdadera magia reside en lo que
ocurrió en el siglo XIV, cuando el estadista Teodoro Metoquites decidió convertirla en un
poema visual dedicado a la divinidad.
Al cruzar su puerta, prepárate para que se te corte la respiración. A diferencia de otros templos, en Chora la decoración no es solo ornamental; es una hermosa narrativa cinematográfica de la vida de la Virgen María y de Jesucristo.
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El Ciclo de la Virgen: Es uno de los más completos que existen. Podrás ver escenas
llenas de ternura, como los primeros pasos de María o su presentación en el Templo, el
momento que conoce a San José, con una delicadeza técnica que parece desafiar la
rigidez del mármol.

Esta imagen la he tomado yo, representa "El viaje a Belén" (o el Empadronamiento para el Censo), ubicado en el nártex exterior del templo.
● La Anastasis (El Descenso a los Infiernos): Debes dirigirse al parekklesion (capilla lateral). Allí encontrarás un fresco monumental donde Cristo, envuelto en una luz blanca radiante, rescata a Adán y Eva de sus tumbas. La fuerza del movimiento y la expresión de los rostros marcan la cumbre del arte paleólogo.
Entrar en Chora es como abrir un libro de cuentos dorados. Sus cúpulas están decoradas con genealogías bíblicas y cada centímetro de pared cuenta una historia de redención. Aunque el edificio ha vuelto a funcionar como mezquita recientemente, sus tesoros siguen ahí, recordándonos la capacidad humana de crear belleza para tocar lo divino.
Un pequeño consejo: Trata de ir temprano por la mañana. La luz natural que entra por las
ventanas hace que los cristales de los mosaicos brillen con una intensidad que ninguna
cámara puede capturar con justicia. Es un momento de paz que te conectará con los siglos de
historia que sostienen a Estambul. Se pueden tomar fotos sin flash.
Referencia Bibliográfica
Underwood, P. A. (1966). The Kariye Djami: Historical Introduction and Description of the Mosaics and Frescoes. Bollingen Series.
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