El Informe Anual de Salud Pública 2025 presenta los progresos y retos en la salud de la población colombiana.

Este informe enfatiza sobre la relación de los problemas sanitarios y los determinantes sociales, económicos y ambientales de la población colombiana. A partir de seis ejes temáticos, se destacan tendencias que marcan el panorama actual.
En salud materno infantil hay luces y sombras.
La desnutrición infantil sigue siendo un indicador crítico. Aunque la mortalidad por esta causa ha disminuido en los últimos 20 años, persisten focos preocupantes como La Guajira, donde la desnutrición supera a otras causas de muerte infantil. En cuanto a la mortalidad perinatal y en menores de cinco años, Colombia refleja la tendencia global de reducción sostenida, gracias a políticas como el Plan Decenal de Salud Pública. Sin embargo, la mortalidad materna continúa siendo un reto, especialmente en zonas apartadas con baja cobertura de servicios, donde las muertes prevenibles aún son frecuentes.
En enfermedades transmitidas por vectores el desafío es creciente.
El dengue se mantiene como una de las infecciones más prevalentes, con un pico histórico en 2024 de más de 328.000 casos. Factores climáticos como el fenómeno de El Niño han favorecido su expansión. La fiebre amarilla, por su parte, obligó a declarar emergencia sanitaria en 2025 tras un aumento súbito de casos, concentrados en Tolima y Putumayo, con un alto número de personas no vacunadas. Aunque el Chikungunya y el Zika muestran una tendencia descendente, la malaria sigue siendo persistente, con más de 123.000 casos en 2024 y brotes recurrentes en departamentos como Chocó y Nariño.
Las enfermedades infecciosas respiratorias infecciosas y las enfermedades transmitidas por agua y alimentos continúan siendo una de las principales causas de morbimortalidad, especialmente en poblaciones vulnerables. Su comportamiento está estrechamente ligado a condiciones ambientales y sociales, reflejan problemas de acceso a agua potable, saneamiento y seguridad alimentaria. En Infecciones de transmisión sexual, aunque los avances en tratamiento han mejorado la calidad de vida de los pacientes, la prevención sigue siendo clave para evitar nuevos contagios, especialmente en poblaciones jóvenes. En las enfermedades prevenibles por vacunación, los brotes como el de fiebre amarilla y el reciente incremento de los casos de sarampión, muestran lo que ocurre cuando las coberturas son insuficientes.
El informe concluye que las políticas deben basarse en evidencia científica, pero también en la experiencia de los territorios. La participación comunitaria, la articulación intersectorial y la adaptación a realidades locales son claves para construir una salud pública más equitativa y resiliente. En resumen, Colombia ha avanzado en la reducción de la mortalidad infantil y en la contención de algunas enfermedades, pero enfrenta retos crecientes en vectores, inequidades territoriales y acceso a servicios básicos. La combinación de evidencia y experiencia será el camino para lograr un sistema de salud más justo y sostenible.
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